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La funebria y los rituales y ceremonias relacionados con los entierros y los túmulos funerarios cobran importancia en la medida en que se relacionan con la fertilidad. La conexión de las mujeres con los ritos funerarios se percibe en la forma redondeada de los túmulos y en los ajuares encontrados en excavaciones, compuestos por numerosas representaciones femeninas con el vientre abultado. Los indígenas Zenú actuales continúan construyendo estos túmulos y los siguen relacionando con el vientre materno que representa la gestación. “Vuelve el tema de la fertilidad y el tejido. Los tejidos, al igual que las mujeres, son contenedores de semillas, de ofrendas, los canastos, las hamacas, y las mujeres, todas contienen una ofrenda, el niño que va a nacer y que va a continuar la sociedad”, sostiene Juanita Sáenz.
Como parte del recorrido, en el vestíbulo que conecta las dos salas del segundo piso se exhiben siete urnas funerarias, representativas de la región de Tamalameque, y que, en contraposición a los túmulos zenúes, revisten de importancia los entierros colectivos acompañados, en ocasiones, de ajuares de orfebrería zenú.
La metáfora del tejido
El tejido aparece como uno de los temas más recurrentes de esta sociedad y se manifiesta en la cerámica, en el hueso, en la concha y, sobre todo, en el oro, precisamente con la filigrana, la cual, en el imaginario común se describe como una “obra formada de hilos de oro y plata, unidos y soldados con mucha perfección y delicadeza”, pero que esta sociedad logra dar la apariencia de filigrana utilizando la técnica de la “cera perdida”. Así mismo, la pintura corporal también se describe como un tejido en la piel.
El sistema hidráulico zenú
El tejido también se relaciona con el sistema hidráulico zenú de la época prehispánica, y esta metáfora del tejido en la geografía regional se presenta en esta sala de manera muy explícita.
Los ríos Sinú, Cauca, Magdalena y San Jorge, desde épocas antiguas y aún en la actualidad, se desbordan durante largos períodos del año, anegando grandes extensiones de tierra y permitiendo que los cauces se desvíen con facilidad y cambien su curso natural. En el pasado, las comunidades prehispánicas que habitaban la región, desde épocas remotas como el año 200 a. C., se dedicaron a “ayudar a que los cauces de los ríos no cambiaran su curso, a facilitar el drenaje y llevar las aguas ordenadamente a sitios específicos para poder adecuar zonas para vivienda y zonas para cultivo”, explica Juanita Sáenz.
De este modo construyeron canales perpendiculares de hasta cuatro kilómetros de longitud, con el fin de encauzar las aguas a sitios geográficamente más bajos.
En la actualidad estas huellas de canales se ven desde el aire y corresponden a cerca de 500.000 hectáreas que cubren el valle del río San Jorge, y 150.000 hectáreas en el valle del río Sinú.
Dado lo anterior, la última sala de exhibición del Museo se dedica exclusivamente a ilustrar el sistema hidráulico zenú, específicamente el manejo y control de las inundaciones en las llanuras del Caribe; así, los muros y vitrinas están dedicados a este sistema, en donde también se exponen objetos relacionados con la pesca.
A continuación, y como parte final del recorrido por la exhibición permanente del Museo, el visitante observará un cortometraje que ilustra el funcionamiento de este sistema hidráulico, denominado “El tejido del agua”.
El museo presenta, globalmente, la existencia de la tradición zenú desde la época prehispánica hasta hoy. La costa atlántica y las llanuras del Caribe se destacan precisamente por los tejidos, los cuales son fácilmente identificables en el sombrero vueltiao, en la hamaca, en el chinchorro, en las mantas, en las mochilas y en todas las manifestaciones artesanales que perduran en las comunidades indígenas Zenú de la actualidad. |