Para albergar las dependencias de la aduana, Cristóbal de Roda proyectó en 1622 un edificio arrimado a la muralla y comunicado con el muelle por una puerta, que lleva el nombre del edificio. Su fachada principal ocupa todo un lado de la plaza con arquerías en el primer piso y balcones corridos en el segundo, con amplias cubiertas de tejas de barro y la otra se proyecta por encima de la muralla, hacia el muelle (hoy de los Pegasos).
Los locales de la primera planta eran depósitos y en la segunda, funcionaban la tesorería, la contaduría y las viviendas de los empleados; actualmente parte de este espacio corresponde al gran salón Vicente Martinez Martelo. Desde este salón se puede salir al solado de los baluartes de San Ignacio, San Juan y a la Torre del Reloj. |